En plena época navideña, aprovechamos unos días de enero para hacer una escapada de cuatro días por dos capitales europeas llenas de encanto: Viena y Bratislava. Volamos con Ryanair desde Alicante hasta Viena, viajando ligeros como siempre, con nuestra mochila de 40x20x25, perfecta para llevar como equipaje de mano sin coste adicional.
Pasamos dos días explorando Viena, disfrutando de su ambiente navideño, sus palacios imperiales y sus cafeterías tradicionales, y otros dos días en Bratislava, una ciudad más pequeña pero con un encanto muy especial, ideal para recorrer a pie.
En este blog nos centraremos en los dos primeros días del viaje, dedicados a conocer la capital austriaca, una ciudad elegante, histórica y con una magia única en invierno.
Cómo ir desde / hacia el aeropuerto de Viena
Llegar desde el aeropuerto de Viena al centro es muy fácil y rápido. Hay varias opciones, pero aquí tienes las mejores y la que nosotros usamos:
- Tren regional (ÖBB / Railjet) – nuestra opción recomendada. Nosotros elegimos el tren de ÖBB y fue un acierto. Tarda unos 15–20 minutos, cuesta alrededor de 4–5 € y llega a la estación central (Wien Hauptbahnhof). Rápido, barato y muy cómodo.
- Tren S-Bahn (S7) – El S7 tarda unos 25 minutos y cuesta prácticamente lo mismo. Hace más paradas, como Wien Mitte o Praterstern, por lo que puede venir bien según tu alojamiento. Una alternativa económica y fiable.
- CAT (City Airport Train) – la menos recomendable. Es el más rápido (unos 16 minutos), pero también el más caro, con precios de unos 14–15 €. Sinceramente, no compensa pagar más cuando hay opciones casi iguales por mucho menos.
- Autobús – alternativa útil. Los autobuses conectan el aeropuerto con varias zonas en 20–30 minutos por unos 8–9€. Puede ser útil según dónde te alojes, aunque el tren suele ser más práctico.
- Taxi, Bolt o Uber – la opción más cómoda. El trayecto cuesta entre 25 y 35 € y dura unos 20–25 minutos. Ideal si buscáis comodidad o vais varios y podéis compartir gastos.

Día 1: Descubriendo la capital austriaca
Palacio de Schönbrunn
Nuestra primera parada fue el Palacio de Schönbrunn, uno de los lugares más imprescindibles de la ciudad. Para llegar, cogimos el metro U4, que te deja muy cerca de la entrada, así que es muy fácil acceder. Aunque el palacio por dentro es de pago, solo con recorrer los exteriores ya merece muchísimo la pena. Paseamos tranquilamente por sus jardines, que son enormes y muy bien cuidados, incluso en invierno tienen un encanto especial.
Uno de los mejores momentos fue subir hasta la Gloriette, desde donde hay una vista panorámica increíble del palacio y de toda Viena. Después, bajamos pasando por la zona del laberinto, que es una forma entretenida de seguir recorriendo los jardines antes de salir.
Naschmarkt, Iglesia de San Carlos y Pabellón de Otto Wagner
Después continuamos hacia el Naschmarkt, uno de los mercados más famosos y antiguos de Viena. Para llegar, cogimos el metro U4 hasta la parada Kettenbrückengasse. El mercado mezcla lo tradicional con lo internacional: desde comida típica austríaca hasta cocina de Oriente Medio o asiática. Es un sitio con mucho ambiente, perfecto para picar algo o simplemente disfrutar del ambiente local.
Desde allí, caminamos unos 10 minutos hasta la Karlskirche (Iglesia de San Carlos), considerada una de las iglesias barrocas más impresionantes de Viena. Su fachada destaca la gran cúpula verde que la hace inconfundible. La plaza donde está ubicada, con el estanque delante, es uno de los rincones más bonitos para hacer fotos.
Muy cerca se encuentra el Pabellón de Otto Wagner, una pequeña obra maestra del modernismo vienés. Es un lugar menos turístico, pero muy interesante si te gusta la arquitectura o quieres descubrir algo diferente en la ciudad.
Catedral de San Esteban, Palacio Hofburg y Burggarten
Después de esta primera parte del día, cogimos el metro U4 hasta Stephansplatz, el corazón de la ciudad, y desde ahí hicimos toda la ruta a pie.
Nuestra primera parada fue la Catedral de San Esteban (Stephansdom), el símbolo más importante de Viena. Su impresionante fachada gótica y su tejado de colores la hacen inconfundible. Entrar es gratis. Desde allí caminamos por las calles Graben y Kohlmarkt, dos de las más elegantes de la ciudad, llenas de tiendas y edificios históricos. Pasamos por la Columna de la Peste y por la famosa pastelería Demel.
Muy cerca hicimos una parada en el Café Central, uno de los cafés más famosos de Viena. Es un lugar histórico donde suele haber cola para entrar, merece la pena al menos asomarte a verlo por dentro por su impresionante decoración.
Lo siguiente fue el Reloj Anker (Ankeruhr). Este reloj es especial porque cada día a las 12:00 del mediodía tiene lugar un pequeño espectáculo: desfilan diferentes figuras históricas de Austria, una tras otra, acompañadas de música. Es algo sencillo, pero muy original y diferente, y merece la pena acercarse si estás por la zona a esa hora.
Seguimos hacia Freyung y el Pasaje Ferstel, una de las zonas más antiguas de la ciudad. Este pasaje cubierto tiene mucho encanto, con arquitectura clásica. Muy cerca llegamos a Michaelerplatz, donde se pueden ver ruinas romanas al aire libre, algo curioso en pleno centro de Viena. Justo enfrente se alza una de las entradas al Palacio Hofburg, antigua residencia imperial. Atravesamos los patios del Hofburg, que por sí solos ya impresionan, y desde fuera vimos la Biblioteca Nacional Austriaca, con una de las fachadas más bonitas del complejo. Al salir llegamos a la Heldenplatz, una enorme plaza abierta frente al palacio.
Desde ahí nos acercamos a la Iglesia Votiva (Votivkirche), una iglesia neogótica impresionante, menos turística pero muy bonita, con dos torres puntiagudas que recuerdan a las grandes catedrales del norte de Europa. Después, dimos un paseo por el Burggarten, uno de los parques más bonitos del centro, donde se encuentra la estatua de Mozart.
Ringstrasse y Museums Quartier
Desde el Burggarten, continuamos caminando hacia la Ringstrasse, la famosa avenida circular de Viena que rodea el centro histórico. Este paseo nos permitió ver a pie algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad.
Primero llegamos al Parlamento, con su imponente fachada neoclásica y la famosa estatua de Atenea en la entrada. Muy cerca se encuentra el Ayuntamiento (Rathaus), un edificio espectacular con torres que recuerdan a un castillo de cuento. Justo al lado está el Burgtheater, uno de los teatros más importantes de Alemania y Austria, conocido por su arquitectura elegante y su historia cultural.
Siguiendo por el Ring, bajamos andando hasta la Plaza Maria-Theresien, un gran espacio abierto donde se encuentran los museos gemelos: el Kunsthistorisches Museum (Museo de Historia del Arte) y el Naturhistorisches Museum (Museo de Historia Natural). Desde fuera se pueden admirar sus fachadas y la gran plaza central, que ofrece un escenario impresionante para fotos, especialmente al atardecer.
Donaukanal
Para cerrar el día, nos dirigimos al Donaukanal, un lugar diferente y con mucho ambiente moderno. Para llegar, se pueden coger las líneas U2 o U4 hasta Schottenring y desde allí caminamos unos minutos hasta la orilla del canal.
El paseo por el Donaukanal es ideal para ver el lado más creativo de Viena: las paredes y muros están llenos de graffitis y arte urbano. Además, la ribera del canal es perfecta para caminar tranquilamente. Es un cierre perfecto para un día completo.

Día 2: Rincones imprescindibles
Stadtpark y Palacio de Belvedere
El segundo día lo comenzamos visitando el Stadtpark, al que llegamos tomando la línea U4 hasta la parada Stadtpark. Este parque es uno de los más bonitos del centro de Viena y ofrece un paseo muy agradable entre senderos y estanques. La estrella del parque es, sin duda, la famosa estatua dorada de Johann Strauss. Además, hay otras esculturas y rincones tranquilos que hacen del Stadtpark un lugar perfecto para iniciar el día.
Desde allí nos dirigimos al Palacio de Belvedere, que se encuentra a unos 15 minutos andando o, si preferís, podéis coger el tranvía 719. El Belvedere es famoso por su arquitectura barroca y por los preciosos jardines que conectan el Belvedere Superior con el Inferior. Nosotros optamos por recorrer los jardines bajando desde el palacio superior hasta el inferior, disfrutando de fuentes, esculturas y las vistas panorámicas de Viena. Aunque no entramos al interior del palacio, pasear por los jardines y admirar los edificios desde fuera ya merece la pena y permite sacar fotos increíbles.
Ópera Estatal, Museo Albertina y Bitzinger
Después de pasear por los jardines del Belvedere, nos dirigimos hacia la Ópera Estatal de Viena (Wiener Staatsoper), uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Su fachada y su arquitectura son impresionantes, y aunque no entramos, pasear por los alrededores permite apreciar su grandiosidad. La ópera de Viena es considerada por muchos como una de las más importantes del mundo, con una larga historia y producciones de primer nivel.
Muy cerca se encuentra el Museo Albertina, famoso por su colección de arte gráfico y dibujos, además de exposiciones temporales de primer nivel. Nosotros solo lo admiramos desde fuera, ya que preferimos centrarnos en recorrer la ciudad a pie.
Para el almuerzo, aprovechamos para probar una de las comidas callejeras más famosas de Viena: en el puesto Bitzinger, justo al lado de la ópera, pedimos las salchichas rellenas de queso fundido con pan. Son auténticas, llenas de sabor y económicas, rondando los 5–7 € por unidad. Un clásico que no se puede perder ningún visitante y que además te permite comer rápido sin perder tiempo en el recorrido.
Hundertwasserhaus
Después de comer, nos dirigimos al Hundertwasserhaus, una de las visitas más curiosas y coloridas de Viena. Para llegar, cogimos el tranvía 1 hasta Hetzgasse, que nos dejó a pocos minutos del lugar.
El Hundertwasserhaus es un edificio residencial famoso por su estilo único: fachadas irregulares, colores vivos, ventanas de diferentes tamaños y vegetación en los tejados. Muy cerca también hay un pequeño centro comercial con un diseño surrealista, inspirado en el mismo estilo de Hundertwasser, que es curioso de recorrer aunque solo sea por admirar la originalidad de sus formas y colores.
Prater
Para cerrar el día, nos dirigimos al Prater, un parque de atracciones emblemático de Viena. La entrada al parque es gratuita, así que solo pagas por las atracciones que quieras montar, lo que lo hace ideal para pasear tranquilamente y disfrutar del ambiente.
El icono del Prater es la Noria Gigante (Wiener Riesenrad), la noria más antigua del mundo todavía en funcionamiento, instalada en 1897. Aunque no subimos, verla desde abajo es impresionante.
El Prater es perfecto para terminar la tarde: sus calles, puestos y atracciones crean un ambiente que combina diversión, historia y un toque nostálgico de Viena. Es un lugar donde se puede pasear tranquilamente antes de cerrar un día completo de visitas y como despedida de la capital austriaca.

PREGUNTAS SOBRE VIENA
¿Qué idioma se habla en Austria?
El idioma oficial es el alemán, aunque en Viena la mayoría de la gente habla inglés, sobre todo en zonas turísticas, restaurantes y hoteles. No tendrás problema para comunicarte.
¿Cuánto cuesta usar los baños en Viena?
En Viena la mayoría de los baños se pagan, especialmente en estaciones, bares o lugares turísticos. El precio suele rondar entre 0,50 y 1 €, y muchas veces solo aceptan efectivo. Te recomiendo llevar siempre monedas sueltas, ya que no en todos los sitios se puede pagar con tarjeta.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver Viena?
Con 1 día completo puedes ver lo imprescindible (centro histórico, Hofburg, catedral, Ringstraße…).
Con 2 días, como hicimos nosotros, puedes añadir zonas más tranquilas como Prater, Belvedere o Hundertwasserhaus.
¿Qué comer típico en Viena?
No te puedes ir sin probar: Wiener Schnitzel, Salchichas en puestos callejeros (como Bitzinger) y Tarta Sacher en algún café tradicional.
¿Qué billete de transporte usamos en Viena y cuánto cuesta?
Nosotros optamos por comprar un billete de 24 horas, que te permite usar de forma ilimitada el metro, tranvía y autobuses durante todo ese tiempo. El precio es de 10,20€ por persona, y la verdad es que merece mucho la pena, ya que Viena está muy bien conectada y te ahorra bastante tiempo en desplazamientos.
Si lo prefieres, también puedes comprar billetes individuales, que cuestan alrededor de 2,40 € por trayecto. Sin embargo, en mi opinión no compensa, a no ser que vayas a moverte muy poco o hagas casi todo andando.
¿Se puede combinar Viena con Bratislava?
Sí, totalmente recomendable. Ambas ciudades están a solo 1 hora de distancia, tanto en tren como en autobús, con conexiones muy frecuentes durante todo el día. El precio suele rondar entre 10 y 20 € ida y vuelta, dependiendo de si eliges tren o compañías como FlixBus, por lo que es una excursión muy asequible.
¿A qué hora anochece en Austria en invierno?
En invierno anochece bastante pronto, sobre las 16:00–16:30, especialmente en enero. Esto es importante tenerlo en cuenta para organizar el día: lo mejor es dejar los exteriores más importantes por la mañana y aprovechar la tarde para pasear por el centro, entrar a cafés o disfrutar del ambiente nocturno.
¿Se puede beber agua del grifo?
Sí, el agua del grifo es potable y de muy buena calidad, incluso viene directamente de los Alpes. Puedes rellenar tu botella sin problema y ahorrar en bebidas.

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